Lluvia de ideas acerca de la esperanza para sobrevivir al México Vs. Holanda


Por  Rulman Bayoshi

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En territorio mexicano, el tema del mundial de futbol siempre está ligado a la palabra “esperanza”. Un estudio reciente reveló que México es el segundo país con más aficionados al futbol en el planeta. Desde la copa del mundo de 1994, los mexicanos hemos seguido el mundial con la esperanza de ver a nuestra selección en el “quinto partido”; pero este nada más no llega. ¿Cómo ha logrado la esperanza sobrevivir entonces?

La palabra esperanza suele representarse universalmente con el color verde. Y en el ambiente mundialista, a la selección mexicana se le ha llamado precisamente “Esperanza Verde”. Así que el “Tri Mexicano” y la “Esperanza”, están inexorablemente ligados

Por eso hemos tomado de la red y de los libros, varias frases que se han dicho durante muchos siglos acerca del referido vocablo.  La meta es responder preguntas. ¿Qué es la esperanza? ¿Una fuerza? ¿Un miedo? ¿Una prótesis que algunas veces se necesita y otras se desecha? ¿Hay vida sin esperanza? 

Si no te incomoda salir empapado, esta será una lluvia de ideas. Sin importar que nuestro equipo de futbol pierda o triunfe, estas ideas serán útiles para ver qué haremos con la esperanza cuando la euforia mundialista haya terminado.

En la Wikipedia, la esperanza se define como “un estado de ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables relacionados a eventos o circunstancias de la propia vida o el mundo en su conjunto”. 

Pero cada cultura, cada mente, guarda su propia visión acerca de esta palabra. Un proverbio japonés indica que “es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”. Y el poeta romano Ovidio advertía que “la esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado”

Su colega Lope de Vega complementaría con una frase de Ángela (personaje de la obra “El Premio del Bien Hablar”) que también hace referencia a los océanos: “Así por este mar del mundo incierto, con renta mi esperanza navegaba. Perdonóla el mar, matóla el puerto”.

El filósofo de la Antigua Grecia Aristóteles y el emperador Carlomagno coincidían en que “la esperanza es el sueño del hombre despierto”

El militar francés y autor de las Máximas, François de La Rochefoucauld, decía que “la esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor”. Sobre los temores, el escritor mexicano Heriberto Yépez explica: “el miedo aparece siempre que vas a entrar a una etapa superior, a una realidad desconocida”

Así que el miedo, el miedo al miedo, y el miedo a lo inexplorado entran en juego. ¿Qué haremos el día que los 23 mexicanos jueguen siete partidos y terminen alzando la copa? Esa es una esperanza. 

Qué pasa entonces si regresamos unos pasos y tomamos una idea del dramaturgo francés Molière: “salen errados nuestros cálculos siempre que entran en ellos el temor o la esperanza”. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer le pone ácido al asunto: “quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra 'desesperado'”.

En la fe católica, la esperanza es una de las virtudes teologales. Santo Tomás de Aquino la define como una “virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para llegar a ella con ayuda de Dios”

El filósofo francés de la Ilustración, Voltaire, juzga que “la esperanza es una virtud cristiana que consiste en despreciar todas las miserables cosas de este mundo en espera de disfrutar, en un país desconocido, deleites ignorados que los curas nos prometen a cambio de nuestro dinero”

Su afirmación saca chispas con una idea del poeta y filósofo mallorquín Ramon Llull: “vive mejor el pobre dotado de esperanza que el rico sin ella”. O con el refrán que dice: “más vale buena esperanza que ruin posesión”

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche consideraba que “la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte”. Y el político norteamericano Benjamin Franklin dejó una alerta: “el que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre”

En lo político (tema que tanto atañe hoy a México y que indudablemente está ligado a toda actividad mediática) hay una frase perturbadora del psicólogo social francés Gustave Le Bon: “los pueblos viven sobre todo de esperanzas. Sus revoluciones tienen por objeto sustituir con esperanzas nuevas las antiguas que perdieron su fuerza”

Y el dramaturgo belga Maurice Maeterlinck sentencia que la “desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”

“La esperanza no es ni realidad ni quimera. Es como los caminos de la Tierra: sobre la Tierra no había caminos; han sido hechos por el gran número de transeúntes”, explica el padre de la literatura moderna en China, Lu Xun. 

“Mientras hay vida hay esperanza”, dice un refrán que todos hemos escuchado. Y el historiador romano Tito Livio añade: “el sol no se ha puesto aún por última vez”. Muy de la mano, el pintor y escritor libanés Gibran Jalil Gibran nos dejó esto: “por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”

“Qué le voy a hacer, soy un esperanzado sin remedio”, decía el poeta argentino Juan Gelman (que muchos años vivió en México). Para el caso, podemos atender el consejo del estadista británico Sir Francis Bacon: “la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena”.

De este huracán de pensamientos acerca de esperanza y los alcances de la Copa del Mundo como enfrentamiento mediatizado entre naciones, cada quien sacará sus conclusiones. 

Yo me quedo con la esperanzadora frase de Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía”.  (@ElAngelopolita

PUBLICADO: a las 21:35 del 26 de Junio de 2014
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