Reliquia viva: doña Josefina mantiene abierta una cordelería de 146 años Destacado


Por  Rolando Lino y Yazmin Evia

Valora este artículo
(0 votos)

Doña Josefina Ramírez Cisneros nació en Huajuapan de León (Oaxaca) hace 79 años. La muerte de sus padres la obligó a emigrar a la capital poblana cuando cumplió 17. Llegó a la Angelópolis para formarse como secretaria en la Academia Comercial Gutiérrez.

Terminó sus estudios a los 20 años y entonces solicitó empleo en la famosa cordelería Ignacio Huerta, que se ubicaba desde 1868 en la 4 oriente 402.  Hoy la cordelería está en la 2 oriente número 40 y es propiedad de doña Josefina. Aún conserva parte del mobiliario original. Imagen viva de un nostálgico pasado en donde no existía el nailon.

En Puebla, es la única comercializadora de su tipo que ha logrado llegar al presente siglo. La cordelería perteneció por cinco generaciones a una familia, hasta que doña Josefina la heredó. Ella comenzó a trabajar ahí cuando era propietario Ignacio Huerta; hijo de don Bernardo Huerta y nieto del fundador, Ignacio Huerta.

La cordelería ha ofrecido por 146 años ininterrumpidos diversos tipos de cordeles. Cordones, cuendas o cuerdas de distintos grosores, elaborados a mano. Hoy el negocio de las cordelerías está prácticamente extinto. En esos locales se ofrecían también hilazas e hilos para bordar; pabilos o mechas para fabricar velas y veladoras; colchones y borra para rellenos; así como congós y añiles con los que se teñían telas, servilletas, ropa y torzales.

Dentro de los productos que todavía se venden, pueden encontrarse mechas para cohetes. 

“Cuando aun no era común la electricidad, los clientes acostumbraban llevar pabilos para las lámparas de petróleo y no quedarse a oscuras”, recuerda doña Josefina.

La señora Josefina expresa con nostalgia que la ropa tradicional del país como ceñidores, rebozos o mandiles (que adquirían los indígenas de zonas cercanas a la ciudad) desaparecieron del mercado hace más de 37 años. El cierre de las fábricas textileras poblanas (como “La Constancia Mexicana”) y la introducción de materiales derivados del petróleo, condujo al quiebre a las cordelerías fundadas en el siglo XIX.

Estos negocios sufrieron el abandono  de sus clientes ante el bajo precio de los productos derivados del petróleo. “La producción de fibras sintéticas ha provocado que paulatinamente disminuya la demanda de productos a base de algodón y fibras naturales”, dice doña Josefina.

En su pequeño local, la cordelería conserva todavía la antigua máquina registradora que sólo marca hasta 100 pesos. También atesora una hermosa bolera mecánica, que permite crear bolas perfectas de hilo de algodón. Sin embargo, en sus épocas de gloria la cordelería contaba con una pequeña fábrica textil, donde los trabajadores disponían de telares para fabricar telas e hilos que se ofrecían al público. 

“Ya pasó a la historia”, reconoce doña Josefina. Tiene casi 80 años y cada día abre las puertas de un establecimiento que es reliquia viva. Último vestigio de un mundo ya inexistente. Pequeña máquina del tiempo donde pueden comprarse 10 metros de otra era, por sólo 80 pesos. (@ElAngelopolita)

PUBLICADO: a las 20:19 del 12 de Junio de 2014
LEÍDO 33218 veces




COMENTA