La obra de Abel Quezada: artista, pintor, dibujante y periodista


Por  Rolando Lino Mina

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“Dibujar para mí es un constante tic nervioso. Comencé a dibujar desde que era niño y lo he seguido haciendo durante todos los días -casi todas las horas- de mi vida. Dibujo cuando estoy solo y cuando estoy acompañado. Dibujo cuando hablo por teléfono y dibujo cuando, en los restaurantes, converso con una persona. Para mí es más fácil explicar algo si me auxilio con el dibujo”. 

Es Abel Quezada (Monterrey, México) en sus propias palabras. Chofer, agricultor, empresario petrolero, actor e incansable viajero. Quezada hizo todo eso, pero su habilidad más natural fue la que le convirtió en un personaje de fama mundial. “Yo hago textos ilustrados. La gente les llama 'cartones', pero para definir mi profesión a mí me gustaría decir que soy dibujante”.

Historietista, caricaturista, ilustrador, cuentista y pintor; Abel Quezada descubrió desde muy pequeño su don y rápidamente se dedicó a desarrollarlo. Nació en 1920. Fue un niño tímido que tartamudeaba, y pasó buena parte de su infancia en internados. Toda esa situación cambió cuando a sus 16 años hizo un viaje a la Ciudad de México en el que consiguió publicar sus primeras dos historietas: “Ídolo Rojo” y “Máximo Tops”. 

“Mi oficio no tiene nombre. No puedo decir que soy 'caricaturista' porque no sé hacer caricaturas propiamente dichas. No puedo decir que soy 'cartonista' porque esta palabra –bastante fea- viene del inglés cartoon y –otra vez- no indica exactamente lo que yo hago”, decía don Abel.

Paralelamente al inicio de su carrera como dibujante, Abel Quezada trabajó transportando a los electricistas que construían la presa El Azúcar (Marte R. Gómez). En ese periodo publica “La Mula Maicera” y “Primo Becerra”.

Cuando cumple 23 años compra 72 hectáreas en Tamaulipas para incursionar en la siembra de jitomate. Tiene altibajos y finalmente (a los 26 años) toma una decisión que va a redefinir su futuro: busca establecerse en Nueva York.

En la Gran Manzana gana un concurso internacional para hacer la publicidad de una marca de pasta dental. También en Nueva York trabaja para una empresa promotora de espectáculos y su oficina es el camerino de un teatro en Broadway

Éxito en el periodismo

Vuelve a México a los 31 años y publica en “Esto” y “Ovaciones”. A los 36 es contratado por Excélsior y de esa etapa surgirán sus personajes más conocidos como “El Charro Matías”, “El Tapado” y “Don Gastón Billetes”. En ese periodo conoce también a gente como Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Luis Buñuel, Salvador Elizondo y David Alfaro Siqueiros. 

“En rigor, Quezada inventó un género que combina, equilibradamente, el cómic, el artículo, el cuento corto, el chiste de una línea, la crónica y la caricatura”, definía Carlos Monsiváis. 

La malhechura, el machismo, el "ahí se va", la imposibilidad de entender el tiempo, la nacionalidad como fatalidad agresiva, la mentira como procedimiento, la incompetencia como táctica, la ilegalidad como recurso, el complejo de inferioridad como llaga y como bandera” son las temáticas de su trabajo en prensa según Guillermo Sheridan, quien define a Quezada como el último humorista impune”. 

¿Y cómo hizo don Abel para lidiar con la susceptibilidad extrema de sus paisanos? ¿Y cómo pudo criticar durante la época del “partido único”? El escritor Fabrizio Mejía Madrid lo ha descrito como experto “burlador de las censuras”. 

Abel Quezada fue un duro crítico de su país y una de sus virtudes fue trazar un camino para que los mexicanos aprendan a burlarse de sí mismos y así poder cambiar. Don Abel decía: “La única razón para vivir que tienen los mexicanos es ganar dinero, lo más pronto posible, con el menor esfuerzo y sin invertir”, frase que Sheridan complementa: “explotando al que se deje y devastando lo que sea necesario”. 

Empresario y pintor

A los 40 años crea la compañía “Perforadores Mexicanos de Petróleo” para incursionar en la actividad petrolera. A partir de este momento se dedica a viajar por todos los continentes y por supuesto, no deja de dibujar y publicar.

Su aventura como pintor comienza cuando ya tiene los 45 años cumplidos. “Yo sólo pinto en 'tiempos perdidos', los fines de semana. Soy pintor aficionado, un 'Sunday Painter' como se dice en inglés. (…) La mayoría (de mis obras) son producto de la imaginación, pero otras son resultado de apuntes que hice durante viajes, en bares y restaurantes, en aviones, vestíbulos de hoteles, en cafés. En cualquier parte donde tuviera a mano un papel y un lápiz” explicaba don Abel y añadía: “me gustaría tener el tiempo para poder pintar todo lo que he dibujado. Me hubiera gustado aprender a pintar desde mucho antes, desde muy joven, y tener un recuerdo de tantas cosas que vi”.

Un suceso que será recordado por todos sus seguidores es la publicación que hizo el 3 de octubre de 1968, un día después de la terrible masacre de la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco). En esa ocasión, Abel Quezada publica un dibujo completamente de color negro y lo titula “¿Por qué?”. Años más tarde, las tensiones políticas harán que sea expulsado de Excélsior (junto a Julio Scherer) y de la dirección de Canal 13 (1976).

No obstante, los años 70 fueron magníficos para su obra pictórica. Su esposa adquiere una casa en Cuernavaca, donde él creará un taller para pintar los fines de semana. 

El reconocimiento

A los 60 años gana el Premio Nacional de Periodismo y un año más tarde es contratado por la afamada revista The New Yorker, en cuya portada publicará varias de sus imágenes más fascinantes. En 1984 el Museo Rufino Tamayo organiza una exposición que compila su trabajo en prensa, y exhibe además dos de sus oleos. El éxito de la muestra es rotundo e incluso se bate record de entrada. 

Un año más tarde (cuando don Abel tenía 65) el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México expone sus oleos. Una vez más, el público acude masivamente. 

“Dibujar es un arma secreta que equivale a hablar otro idioma. Un idioma que sólo dominan unos pocos privilegiados. (…) Los que nacimos con esa bendición, con la facilidad de dibujar, no tenemos por qué preocuparnos en la vida. Nunca nos va a faltar nada. Somos como la mujer barbada; como el hombre de color verde. O sea, somos diferentes. Un hombre verde siempre podrá trabajar en los circos valido solamente de su color, sin necesidad de ser ni maromero, ni equilibrista, ni hombre bala. La gente lo verá siempre con curiosidad, con admiración. Y es que hombres verdes no hay muchos”, decía.

A los 69 años se retira del periodismo con una serie de 6 cartones que se publican simultáneamente en todos los periódicos de México. Ese mismo año (1989) la revista TIME lo califica como uno de los 10 mejores dibujantes de todo el planeta. Muere en su casa de Cuernavaca, el 28 de febrero de 1991. 

“Cuando- como a muchas otras personas- alguien me ha preguntado qué me gustaría ser si volviera a nacer, yo he contestado que me gustaría volver a ser dibujante, sólo que mejor de lo que soy. Dibujar es un placer que pocos conocemos” decía Abel Quezada, un artista cuya obra no deben olvidar las generaciones actuales y las que vienen. (@El Angelopolita)

PUBLICADO: a las 11:12 del 19 de Mayo de 2014
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