Murales de Malinalco revelan ecosistema del siglo XVI (parte 1)


Por  Yazmin Evia

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Monos, águilas, serpientes,conejos, tlacuaches y venados; rodeados de nopaleras y plantas de cacao, aparecen retratados en los murales del Convento Agustino que se encuentra en Malinalco (Estado de México).

Como si hubieran sido pintados ayer, los murales nos regalan las escenas más asombrosas de un ecosistema que hoy es inimaginable.

La ocupación del Valle de Malinalco se remonta hasta la prehistoria, pues se han hallado pinturas rupestres en la zona.

Malinalco es uno de los municipios con mayor biodiversidad en el Estado de México y con una rica historia. Durante la época prehispánica se le conocía como cuna de guerreros águila y jaguar, por su cercanía a la zona arqueológica de Cuauhtinchan. 

Los Murales se encuentran en la Parroquia del Divino Salvador y el Convento Agustino de la Transfiguración del siglo XVI, cuyas construcciones se realizaron a partir de 1540.

Poco después de su edificación, fueron decoradas con escenas de la vida silvestre que incluyen una gran diversidad de plantas y diferentes especies de animales que habitaban en la zona.

Un ave que ataca a un conejo, la serpiente de cacería que va tras un ave, un tlacuache comiendo fruta o una garza comiendo pescado; son algunos de los personajes en blanco y negro que forman parte de estos paisajes que nos llevan por un viaje en el tiempo.

Las paredes interiores, exteriores y bóvedas del convento fueron decorados por pintores indígenas llamados Tlacuilos. Debido a que los murales comenzaron a pintarse en la primera etapa colonial de la Nueva España; los coloridos murales -en cuanto a técnicas y tinturas- son más parecidos a los murales prehispánicos como en Cacaxtla, Cholula y Teotihuacan. Algunas investigaciones apuntan a que todavía fueron pintados con las técnicas prehispánicas y que los Tlacuilos expresaron en ellos su conocimiento sobre la biodiversidad local.

Otros explican que los Tlacuilos fueron educados en el Imperial colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y que ahí los evangelizadores les enseñaron técnicas europeas como la grisalla, el fresco y la pintura mural al temple; además de la cosmovisión que les permitieron a los Tlacuilos expresar en los murales del convento el tratado de etnobotánica más hermoso de América.

Aunque la técnica exacta se desconoce y no ha podido ser replicada con exactitud; algunos piensan que las pinturas contienen minerales, baba de nopal, arena, frutillas silvestres, grana cochinilla, extractos del árbol colorado y por supuesto carbón y cal. Aunque en su mayoría los murales están pintados en blanco y negro; se pueden apreciar colores como rojo, azul, verde, café y amarillo.

En las paredes y bóvedas del convento se pueden diferenciar al menos cincuenta plantas diferentes. Sin embargo, de estas especies sólo se han determinado taxonómicamente treinta y tres. Se estima que algunas ya han desaparecido o no se han podido identificar debido a la estilización propia de los Tlacuilos.

PUBLICADO: a las 20:15 del 03 de Septiembre de 2015
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