Comparando cigarrillos Marlboro de Puebla y Manhattan Destacado


Por  Rolando Lino Mina

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Compramos una cajetilla de cigarrillos Marlboro en Manhattan y otra en Puebla. Nos dimos a la tarea de averiguar si eran idénticas y resultaron ser muy distintas, tanto en aspecto como en sabor.

Esta es la hora en que se debe decir: “Niños, no lo intenten en casa”. Porque el tabaquismo es un vicio feo, apestoso y completamente mortal. No obstante a quienes nacimos en los setenta, crecimos en los ochenta y alcanzamos la mayoría de edad en los noventa nos tocó la mala influencia del Vaquero Marlboro y rockeros que lo secundaban.

La mayor parte de esas figuras públicas se exhibían con la marca que ha dado pie a este artículo, y yo la preferí por años. Un buen día emigré hacia otro sabor. 

En la última década he procurado fumar sólo cuando me resulte muy indispensable. Hacía mucho que no me prendía un Marlboro. Llegué a pensar que nunca más lo haría.

Pero mi hermano hizo un viaje a Nueva York y me trajo el singular regalo. “Esto es lo que fuman en Wall Street”, me dijo. Y nos bastó un intercambio de miradas y dos palabras (siempre nos ocurren ese tipo de cosas) para hacerle el guiño obligado a “American Psycho” (la película). 

Compré la cajetilla nacional de Marlboro en un Oxxo y sin más organicé la cata. Hice pruebas con ojos vendados y  los resultados fueron contundentes. La diferencia fue clara: los Marlboro comprados en Lexington Avenue son más fuertes. Sin excepción, los voluntarios reportaron sentirse mareados al darle el primer toque al cigarrillo gringo.

Hay una promesa de los fetiches que se producen en serie: la Coca-Cola –por citar a otro de los principales ejemplos- debe saber igual en Ámsterdam que en la Angelópolis. Pero tal cosa suena imposible. Y cuando menos la súper marca de cigarrillos que degustamos para este artículo, resultó ser distinta si te desplazas 4 mil 188 kilómetros. 

La cajetilla de Marlboro que se vende aquí tiene las grotescas imágenes que por ley se estampan para disuadir a los fumadores. La de Manhattan luce muy parecida a la que se vendía aquí hace 20 años, al menos en su parte frontal. En el reverso, siguen promoviendo aventuras.  

En un cigarrillo Marlboro de los que se venden en en el zócalo poblano, las líneas para controlar la combustión son más oscuras. Incluso las letras que dicen “Marlboro” se ven casi negras. Pero en ese sentido esto es sólo apariencia. En la práctica, ambos se queman a la misma velocidad. En sabor, el Marlboro “Made in USA” es más fuerte y “pega” con mayor intensidad. 

Y casi todos prefieren quedarse con el Marlboro nacional (los voluntarios no sabían cuál era cuál al momento de elegir). Sin embargo, para demasiados bolsillos esa marca ya es un lujo. Hoy se venden más los Delicados y los Pall Mall, según me reportan algunos tenderos de la zona en que vivo. 

Y acerca de las estremecedoras imágenes que vienen impresas en las cajetillas nacionales surge la pregunta...  ¿Ha tenido el efecto deseado? Sólo puedo decir que muchas veces prefiero que el cigarrillo se consuma en el cenicero. También hay una manía que consiste en apagarlo y encenderlo dos y hasta tres veces. Todo sea por tragar menos humo, sin importar que venga de la Gran Manzana o de esta ciudad que fue construida por por ángeles.  (@ElAngelopolita

PUBLICADO: a las 03:11 del 07 de Mayo de 2014
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