¿Para qué escuchar música? Presta oídos al flujo creativo


Por  Rolando Lino Mina

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Un sonido puede expresar ideas trascendentes del ser, pero tal cualidad no es propia de todo lo que conocemos como música.

Hay obras que se han diseñado con fines recreativos o interpretaciones que implican desafíos en técnica. Todos esos flancos son importantes, pero mi criterio para seleccionar lo que escucho (desde hace cuando menos tres décadas) es que la música me resulte provechosa.

No escucho “de todo” pero carezco de prejuicios para llevarme algo al oído. Lo mismo puedo explorar mis pensamientos con un álbum de Rush que sumergirme en las profundidades de la mente con cantos fúnebres de los Cucapás.

Así que sin darle demasiadas vueltas, este puede ser buen momento para concentrarnos (como ahora que escribo este artículo y estoy a punto de recurrir al experimentadísimo Muddy Waters).

Pero he de advertirles que si bien hay atractivos beneficios, se pide a cambio un esfuerzo

Para comenzar, dedicarle cierta porción de un día exclusivamente a este sencillo ejercicio. Debemos asumir que no serán “horas hábiles” mientras estemos trabajando en esto y que, de ser necesario, debemos pedir respeto a la necesidad humana de estar con uno mismo. 

Entendiendo esa parte, quedamos listos. La música habrá que elegirla de acuerdo a lo que desees trabajar. Piensa que vas a interactuar con un álbum completo (no canciones sueltas, no random y aconsejo totalmente omitir los bonus tracks). 

En lenguaje Beatle (por ejemplo) se diría que algunos días necesito Beatles For Sale y otros requiero la cara “B” del White Álbum (por cierto, el nombre oficial de este álbum es ostentoso y contundente. Se llama simplemente The Beatles).  

El punto es que en el álbum seleccionado serás de alguna forma miembro de la banda (solista o incluso líder) haciendo lo tuyo. La experimentación es infinita. 

Puedes dar conciertos con Cream en el Albert Hall de Londres (el “Bellas Artes” británico) o manipular océanos completos al estilo del grandioso director ruso Valery Gergiev. La creatividad humana es tan inmensa, que se pueden armar miles de rompecabezas. 

En el antiguo Anáhuac (nombre que se daba antes de la conquista al territorio que hoy ocupa México) los abuelos decían que la música servía para abrir portales. Y ahí tenemos toda la creatividad de la que fueron capaces

Así que sólo es cuestión de no oponer resistencia; para pensar, hablar, leer, escribir, dibujar, hacer cálculos o desarrollar cualquier cosa que nos venga en gana crear. 

Hay que apagar a determinada hora el celular, buscar un espacio aislado y procurar que al día siguiente no tengas que levantarte temprano

El álbum elegido ya está sonando. Hay un buen método para que las ideas comiencen a fluir: explora imágenes. Busca en Google, Flickr o Pinterest fotografías y dibujos de lo primero que se te venga a la cabeza.  

Date unos pocos minutos y descubrirás que la mente sólo demanda condiciones para encontrar esa idea que necesitas o la solución que buscas. Estarás listo cuando te des cuenta que tu pensamiento se fue por unos minutos mientras estabas observando. 

Fluye con el sonido. Mueve tu cuerpo siguiendo la cadencia de la música (si requieres total privacidad, no dudes en proveértela). Trabaja sobre tu material sin ninguna clase de restricción (de ser necesario, usa copias para conservar siempre tu archivo original). Ten a la mano tu bebida predilecta, pero deja los bocadillos para cuando la experiencia finalice. 

La música actúa como sacacorchos y embudo. Destapa y permite el libre flujo. Iré recomendándote algunos álbumes y sus “mapas” para que experimentes diferentes estilos. 

Yo elegí esta noche al señor Muddy Waters y me ha resultado un gran placer escribir este texto. (@ElAngelopolita

PUBLICADO: a las 21:57 del 23 de Septiembre de 2014
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