Oloroteca: aromas de una época que hoy sólo existe en la memoria


Por  Rolando Lino Mina

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Imágenes, sonidos o texturas pueden archivarse. Los olores no. Hay aromas característicos de épocas que te tocaron vivir. Olores de cosas que ya no se fabrican o ya no existen. Seguro que tú tendrás tu propia “oloroteca” (que ojalá y gustes compartir). He aquí una colección de palabras para describir aromas de objetos hoy extintos, que eran de uso cotidiano hace 30 o 40 años. No dejes de comentar si recuerdas alguno o varios de estos. 

Tinta de mimeógrafo

Recuerdo los exámenes de biología o civismo de la secundaria (década de 1980): venían con letras hechas en máquina de escribir y tenían un peculiar olor a tinta con un dejo a petróleo. Se imprimían con un instrumento para hacer copias llamado mimeógrafo. Primero se creaba una matriz de papel picado, con ayuda precisamente de la máquina de escribir. El mimeógrafo hacía pasar una pequeña cantidad de tinta a través de los agujeros, y las hojas quedaban impresas con ese olor que jamás abandonará mi memoria. Probablemente, las nuevas generaciones recordarán el olor que deja la impresora láser en sus exámenes. 

Radios de transistores

Soy de la idea de que la radio está más vigente que nunca. También es probable que mi edad –tengo 41 años- me hace parte del público que aún disfruta escuchar palabras e imaginar. Lo cierto es que los radios de transistores se me hacían aparatos increíbles. Los había de diversos tamaños pero el olor de todos era inconfundible. Si alguna vez se te ocurrió quitarle a alguno la tapa trasera para husmear en su interior, sabrás de lo que hablo (el olor ahí era muy persistente). Hoy ni los electrodomésticos ni los electrónicos tienen un aroma similar. Este tipo de radios sólo los encuentras hoy en donde venden antigüedades, pero estoy seguro que la mayoría conserva todavía el olor del que estoy hablando. 

El olor de los libros

Bueno, este todavía existe. Pero me pregunto si estará cercano el día en que sean solamente una pieza de colección para nostálgicos. Hay distintos olores a libro, así que mencionaré algunos que salen de mi “oloroteca” a la primera. El olor a libro de texto gratuito, por supuesto. Pero hablo de aquellos magníficos libros que daba la SEP en los años 70; donde podías conocer a Rulfo, Cortázar, Ibargüengoitia (libro de lecturas de Sexto Año, el cuento de Nicolás mangana) o Juan José Arreola. Recuerdo bien el singular olor de los Porrúa (creo que aún lo conservan); los del Fondo de Cultura Económica (El Llano en Llamas o La Muerte de Artemio Cruz); los de Editorial Diana (García Márquez) o Planeta. En la actualidad, me gusta cómo huelen los Anagrama, Paidós, Siglo XXI o ERA. Qué le voy a hacer: los autores y el olor de sus letras, siempre están relacionados en mi memoria. (@ElAngelopolita

PUBLICADO: a las 21:47 del 20 de Agosto de 2014
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