¿País de lectores? El salario mínimo de México no alcanza para libros


Por  Rolando Lino Mina

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Que si el mexicano no lee. Que si el mexicano compra piratería. Ya chole con esa canción. Una historia queda incompleta cuando no se analiza desde sus diferentes ángulos. En este caso revisaremos el poder adquisitivo del Salario Mínimo de México con respecto a libros y películas

Que para eso hay bibliotecas… ¡estamos de acuerdo! Que se deben hacer sacrificios e invertir en cultura… ¡digamos que sí! Que cuando se quiere se puede… ¡Seguro! Que se descargan “gratis” en línea… ¡Eso es un delito! Que nada es imposible… Bla, bla, bla, bla. 

La pregunta es: por qué en determinados países resulta tan fácil tener acceso a productos de primera necesidad (en este caso culturales) y en México es tan complicado. 

Haremos una sencilla operación para que todo el mundo entienda: dividamos el salario mínimo de México en horas y pasémoslo a dólares norteamericanos. Resultado: en México se ganan 61 centavos de dólar por hora (el salario más bajo en América Latina y uno de los más bajos del mundo). Son 8 pesos mexicanos por hora. 

Tomemos ahora un libro, de esos que “todo ser humano debería leer”. Se me ocurre la novela corta El Principito (Antoine de Saint-Exupéry, 1943). En las librerías (El Sótano, por ejemplo) se consigue en 90 pesos (una edición decente) de tal forma que quienes perciben el salario mínimo deben trabajar casi un día y un tercio para poder regalárselo a alguno de sus hijos. Un australiano gana (tomando como referencia el “mínimo” oficialmente establecido allá) 18 dólares por hora, así que a él sólo le tomará 23 minutos ganar lo necesario para adquirirlo. 

Pero si a nuestro hipotético trabajador mexicano se le ocurre introducirse en los laberintos filosóficos de Ser y Tiempo (Martin Heidegger, 1927) tendrá que invertir dos días de trabajo para obtenerlo (cuesta 127 pesos, en edición sencilla). A un francés le tomará sólo 40 minutos, ya que su salario (siempre según cifras oficiales) es de 12.22 dólares la hora

250 pesos cuesta una buena edición de Cien Años de Soledad (Gabriel García Márquez, 1967) y exige que un mexicano invierta el salario de cuatro días para conseguirlo. A un luxemburgués le tomaría sólo una hora y 10 minutos conseguir esa suma. Sin perder de vista que tendrá más tiempo para gozarlo, ya que nuestro hipotético luxemburgués sólo trabaja 40 horas por semana.

Una lectura fundamental en español es sin duda Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra, 1605). Si el trabajador mexicano desea disfrutar de esta novela en una edición de pasta dura y explicada en español actual, debe trabajar 21 días y olvidarse de sus otros gastos. Cuesta alrededor de mil 450 pesos. En cambio, un holandés que gana el salario mínimo sólo deberá invertir 10 horas de trabajo para hacerse de esta joya. 

En cuanto a películas, las cosas no andan mucho mejor. Dicen que uno de los films más importantes de todos los tiempos es El Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941) y para tener acceso a esta gema cultural el trabajador mexicano debe dedicarle una jornada completa y un tercio de la jornada siguiente (cuesta 90 pesos). Un trabajador en el Reino Unido (percibiendo el “mínimo” de allá) podrá disfrutarla invirtiéndole sólo 35 minutos de trabajo.

Y hablamos de una película tipo “cultural” de bajo costo. Si un trabajador mexicano desea regalarle a su hijo The Lego Movie (2014) requerirá trabajar 2 días y medio (cuesta 162 pesos). Ahora que si ese paisano desea ofrecer a los suyos algo más sofisticado, podría llevar a casa El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014) pero entonces tendrá que trabajar más de 5 días para conseguirla (351 pesos). ¡Ah! Y olvidarse de todos los otros gastos como comida, agua, gas, luz, etc

Dicen que “el cine se ve mejor en el cine”, pero este principio fundamental del séptimo arte no aplica para el trabajador mexicano. Cuando percibes el salario mínimo de México te toma un día de trabajo conseguir la suma para una entrada a la sala normal; un día y un cuarto el boleto a la sala 3D. Así que si un trabajador mexicano quiere invitar a su familia al cine disparando palomitas y refrescos, necesitará cuando menos 12 días de trabajo. Seguro pronto ofrecerán créditos para sufragar este tipo de lujos que en otros países son derecho (por percepción económica) de cualquiera.

Y bueno, ya no hablar de vacaciones en la playa, viajes por el mundo (que tanto enriquecen culturalmente) o comidas en restaurantes. Esos son lujos que el “empleo” en México (país que acaba de cumplir una década de bonanza petrolera) jamás prometerá.

¿Subsidios? No es necesario. Bastaría con que las empresas (especialmente las extranjeras) paguen sueldos justos (cuando menos como los que se pagan en el resto de América Latina) por emplear la mano de obra mexicana. (@ElAngelopolita

PUBLICADO: a las 18:40 del 04 de Agosto de 2014
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